Servilismo y democracia o el retorno al feudalismo

Siguiendo el esquema esquizoide de los que se auto-declaran defensores de los derechos humanos (léase izquierda), el servilismo sería la condición inherente al estatus de trabajador por cuenta ajena, lo que es, a todas luces, una falacia. Este sofisma quedó perfectamente neutralizado en la anterior entrada cuando se aclara la verdadera naturaleza de la relación que debiera existir entre el empresario y el empleado, en el que las dos partes mantienen un acuerdo que se extinguirá cuando una de ellas considere que ya no obtiene beneficio. Así de simple desde un punto de vista lógico-formal. Yo mismo he preparado mi marcha de la anterior empresa para la que trabajaba, formándome y demostrando méritos para poder aspirar a un empleo mejor como trabajador autónomo o por cuenta ajena. En el momento que encontré ese mejor empleo, abandoné la empresa y, que yo sepa, el empresario no está obligado a guardarme rencor por mi desarrollo personal.

Me parece pertinente aclarar que es precisamente el intercambio de capital (i.e. bienes y servicios) lo que rige la relación laboral en el ámbito privado. El empresario remunera a cambio de un trabajo y el empleado aporta valor con sus habilidades a la empresa o a la sociedad. Esto se llama oferta y demanda. Si no tengo habilidades que ofrecer o si mi habilidad es común, en buena lógica no podré esperar una remuneración superior que aquellos que tienen una habilidad excepcional, fruto del talento y del trabajo de muchos años. Por otro lado, que nadie se engañe, que yo tenga una habilidad superior no me da derecho automático a obtener lucro de un servicio que nadie demanda. Es la demanda quien determinará que un servicio sea potencialmente rentable. Por ejemplo, un ingeniero aeronáutico no podría ofrecer sus servicios en una sociedad dedicada exclusivamente al sector primario, por lo que tendría que ofrecer otro tipo de servicios que nada tienen que ver con su formación específica. En esa misma sociedad, si escaseasen aquellos que garantizan con su trabajo la salubridad de los productos de consumo, en buena lógica, éstos estarían en condiciones de obtener más lucro de su actividad porque la demanda sería mucha y sus servicios un bien escaso. Bastante sencillo de entender.

Mi percepción en los últimos años, en el caso particular de España sobre la relación Estado-empleado público, es que es precisamente en el caso del funcionariado y de los llamados laborales donde se da de facto la generalización del servilismo. Para que una relación de esta naturaleza asimétrica se desarrolle, han de darse unas ciertas condiciones que violan, precisamente, los presupuestos y la naturaleza de la relación laboral en el ámbito privado que previamente hemos comentado. Así, es la extorsión en el acceso a, y en la promoción dentro del cuerpo de trabajadores públicos, donde se forja este intercambio que, para que quede claro, sólo responde a intereses partidistas (i.e. partidos políticos) y, de forma más subliminal, a los del lucro individual del que ejerce el poder; eso sí, a cuenta del dinero de todos.

Los involucrados callarán pero yo estoy harto de ver favores, sobornos, filtraciones, calumnias, etc. Corrupción a fin de cuentas. La cosa es muy simple: si un individuo manifiesta y defiende la ideología que le puede pagar la hipoteca, el coche y las vacaciones, será recompensado con un empleo o un ascenso según el caso. Cada uno tiene su precio. Si no lo hace, no podrá esperar nada bueno a cambio, todo lo contrario dependiendo del peligro potencial que esa persona represente por no ser afín. El paniaguado lo es desde el momento en que renuncia a su libertad individual por la protección de una organismo superior que, en este caso, parasita al Estado y que, para más señas, tiene siglas de partido político. Por supuesto, aquí no existen las medias tintas: o estás conmigo o estás contra mí. Multiplíquese este esquema por las tres administraciones a las que estamos todos expuestos en este bendito país y habremos encontrado uno de los principales motores de nuestro fracaso como sociedad. Las formas de esclavitud se han refinado.

Alguien podría argumentar que la legalidad garantiza la meritocracia y, por lo tanto, anula la discriminación y el trato de favor. Esta aseveración me parece tan ingenua que hasta me avergüenza recordar que yo mismo he llegado a creer esto. El trabajo público es un bien tan preciado en nuestra sociedad, por las características que actualmente la definen, que lo convierten en la moneda de cambio ideal para la prebenda. Debemos recordar que esto no es lo común en cualquier país desarrollado en el que ser funcionario es sinónimo de fracaso en la vida profesional. Aquí, gracias a las diferentes formas de intervencionismo en la economía que adulteran las verdaderas leyes del mercado, lo mejor es colocarse debajo del paraguas de lo público para que nos proteja de los chubascos del desempleo o del empleo precario. Lo malo de este modelo es que no es posible crecer en términos económicos y eso llevará inevitablemente a la ruina en algún momento.

Llegado este punto, me merece especial atención diferenciar los dos posibles mecanismos de adhesión o acercamiento en el servilismo. Para el que tiene poder, ofrecer o dar es una buena estrategia. El que recibe, agradecido, justificará y defenderá la causa de su benefactor. Hasta cierto punto, yo exculparía a estas víctimas de su propia condición de paniaguados ya que su ejercicio entra dentro de los parámetros de un ser humano decente que, eso sí, más desde el afecto y la emoción, va a corresponder en la proporción debida a su protector sin necesidad real de entender lo más o menos acertado del discurso político al que está adscrito. Lo que sí es realmente censurable es el comportamiento de todos esos aprovechados e interesados que, al margen de tener verdaderamente una ideología o criterio sobre las normas que debieran regir en nuestra sociedad, se adhieren a la causa que puntualmente les favorece e interesa, camuflándose adecuadamente cuales pájaros mimetizados en el entorno natural de las subvenciones y el trabajo fijo. Para nuestro pesar, de éstos pájaros está lleno el zoológico llamado España.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a Servilismo y democracia o el retorno al feudalismo

  1. Pingback: Servilismo y democracia o el retorno al feudalismo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s