Porqué GreenPeace y la tribu ecofascista se equivocan: El futuro será Nuclear

Estos días estamos asistiendo a una de las mayores tragedias sufridas por el país nipón: En la isla de Honshu, en una central nuclear de la Prefectura de Fukushima, tras un tsunami uno de sus reactores no tiene energía para activar sus sistemas de refrigeración y a duras penas consiguen mantener estable el núcleo inyectando agua a presión desde camiones de bomberos y con ayuda de helicópteros (una tarea suicida pero necesaria y realizada por voluntarios)

Sin embargo cabe aclarar un detalle: Esas centrales llevan más de 40 años en operación, y su diseño es incluso más antigüo, lo cual a estas alturas no es un estándar en seguridad que digamos. Sin embargo, debemos recordar que estamos en el año 2011, usamos televisores que se anclan en la pared y ya hay viajes comerciales al espacio. ¿No habrá mejorado el diseño de las centrales nucleares en todo ese tiempo? Ésa es la pregunta clave que GreenPeace y el movimiento ecologista trata de evitar.

GreenPeace y sus secuaces están muy preocupados por el efecto invernadero y la quema de combustibles fósiles, así como por los residuos radioactivos de las vetustas centrales nucleares en operación.¿Qué sucedería entonces si creáramos una central nuclear sin posibilidades de accidente, que genera energía de forma barata y eficiente, con un combustible nuclear que no ofrezca posibilidad de contruir armas atómicas, y cuyos residuos sean inocuos? ¿Demasiado bueno para ser cierto? Ya es una realidad en nuestros días.

Gracias a una tecnología denominada “fundido y gasificación mediante plasma”, La Empresa israelí Environmental Energy Resources (EER) ha demostrado satisfactoriamente la conversión de residuos nucleares de las centrales nucleares convencionales a una lava o vidrio inerte no-radioactivo (detalle en la foto que encabeza este artículo) que puede ser utilizado convenientemente en la contrucción de infraestructuras, y todo ello obteniendo beneficio y además sin impacto alguno para el medio ambiente. ¿Qué tienen que decir los ecologistas al respecto?

Y ahí no acaba todo: El proceso actual de obtención de energía nuclear, consistente en transformar el no fisible Uranio 238 en el enriquecido Uranio 235, (fisible) o Plutonio 239 (susceptible de ser usado en armas nucleares), -que como se ha demostrado, puede ser convertido en vidrio inerte- es un proceso que podría llegar a su fin, gracias a los descubrimientos realizados respecto a otro mineral: El Thorio.

El Thorio, nombrado en honor al dios nórdico del trueno, es un mineral de la serie de los actínidos, con lo cual comparte características con el Uranio. No es fisible en su estado natural, pero posee una curiosa propiedad: es fértil, como el U238

El Thorio en su estado natural (Th-232) es capaz de absorber un neutrón y entonces rápidamente se transmuta a Th-233, y pasa a transformarse de nuevo en Protactinio Pa-233 antes de decaer en Uranio 233. Éste U233 posee características similares al U235, que como recordamos sí es fisible.

El Thorio, pues permite el reciclado de residuos nucleares con máxima eficiencia, y debido a la ausencia de U238 en el reactor, no hay residuos altamente radioactivos ni Plutonio como subproducto.

Éste es el ciclo del Thorio, representado en el siguiente esquema:

Todo esto, sumado al hecho de que las centrales nucleares de nuevo diseño cuentan con sofisticados sistemas de Sensores e Inteligencia Artificial que monitorizan todas las variables posibles en tiempo real, hacen que los desastres como Chernobyl (Energía Nuclear + Socialismo = Desastre) o Fukushima (Tecnología obsoleta) pasen a ser un recuerdo del pasado que pronto será superado.

Además Occidente podría de esta forma vender reactores nucleares de Thorio a países como Corea del Norte, Irán o Venezuela sin riesgo de proliferación nuclear terrorista, satisfaciendo así sus demandas de energía limpia y barata, y evitando riesgos innecesarios como con el Gas Natural (Un carguero de Gas Natural tiene la potencia si estallase de 30 bombas como la de Hiroshima) y el carbón, que sigue siendo uno de los recursos más contaminantes. Sin embargo a los ecologistas parece que la amenaza del Gas Natural o del Carbón ni les va ni les viene.

Otro mundo es posible: Un mundo de energía nuclear limpia, que no genera efecto invernadero y provee de fuerza motriz barata a los ciudadanos: energía constante a raudales, no erráticamente y a cuentagotas como con los paneles solares (que por cierto suelen llevar metales altamente contaminantes) o como con los antiestéticos molinos de viento, que estropean el paisaje además de subirnos la factura de la luz.

Desastres como el de Fukushima, pues, serán cosa del pasado si comenzamos a utilizar reactores nucleares de Thorio, pues sus subproductos no son altamente radioactivos como en el caso del U238. Pero primero hay que eliminar toda referencia alarmista e histérica respecto a este tipo de energía, cosa que los ecologistas no están favoreciendo precisamente en nuestros días.

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