La Masa

No es fácil para mí conciliar el sueño sabiendo que la libertad individual fue y está, a merced de la turba, de la pandilla, del gremio, del clan; antecedentes todos ellos de la masa que, en un mundo ideológicamente homogeneizado por los medios de comunicación, da en establecer el gobierno de los demonios (~democracia). Esos demonios de izquierdas, de derechas, islámicos o de facha pijo-progre.

De siempre, el hombre -animal social- ha sido gregario. No se comprende a sí mismo sin el otro, hasta el punto de buscar su propia identidad en el grupo. No es fácil transcender a este estado primitivo de conciencia. Todos tenemos una cierta querencia a ser protegidos por una instancia superior; deidad o grupo, qué más da. Está en nuestros genes. Además, no todos están preparados para ser libres, lo que en un mundo de permanentes amenazas, decanta claramente hacia qué lado caerá la balanza de la libertad… O de su ausencia.

Esa motilidad del ser fuera de él que, con la hiperactividad de las neuronas espejo, se olvida de sí mismo, de lo que quiso ser y de lo que debería ser guiado por la brújula de la racionalidad, imita las formas que el grupo, liderado por el más egoísta de todos, impone en la sublimación del libre albedrío. Los menos, actores sin vocación, tratamos de pasar desapercibidos cuando, en el fondo, no hacemos sino llamar la atención por nuestra excesiva y, a la vez, incómoda independencia. Ansiada en el peor de los casos. Por supuesto, una independencia que es incómoda para otros. Ese alien que, receloso del trabajador, del talentoso o del que es ambas cosas a la vez, busca refugio en el grupo para paliar su falta de libertad y auto-reconocerse en el miedo al otro. Porque, que quede claro, la libertad nace y se forja en la propia capacidad para ejercerla. Los que carecen de esa capacidad, en buena lógica, no compartirán esta premisa.

Aquí es donde los recientes hallazgos publicados en prestigiosas revistas como Science o PNAS confirman una de mis viejas hipótesis antropológicas. Otra intuición cósmica. La oxitocina, ese péptido que modula la dirección y la intensidad de los vectores de nuestras interacciones con otros humanos y también con los animales, se ha demostrado también capaz de influir, no sólo en la querencia del grupo, sino también en el odio al otro, al que está fuera de ese grupo. Los fascismos comprendieron muy bien que para crear una identidad de la nada, hace falta un enemigo. Nuestra bioquímica cerebral, genéticamente programada, colaborará. Pues bien, ese exceso de oxitocina, que puede ser tan fructífero, por ejemplo, en el vínculo materno-filial o en la relación amorosa, también puede favorecer tanto la endogamia como la discriminación en el universo social. La primera con los propios y la segunda con los otros. Lo mejor de todo es que muchos talentosos, solitarios ellos, no tienen unos valores normales de esta hormona. Caso extremo es, por ejemplo, el de los autistas o el de los ascetas. Lo más sorprendente, es que estos mismos individuos, incluso pudiendo ser considerados seres patológicos asociales, son los que en verdad realizarían más sacrificios por el bien común; mientras aquellos intelectos ricos en oxitocina y pobres de otras muchas cosas, serán capaces de dar la vida por ideas absurdas, si no han privado antes a alguien de ella en pos de esas mismas ideas.

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6 respuestas a La Masa

  1. pacotraver dijo:

    Si, la oxitocina es la hormona de la afiliación, tanto de la egocentrica, como de la etnocentrica, sociosentrica y mundocentrica. Lo que cambia es la vuelta a la espiral pero no es proceso neurobiologico central.

    • Yves Freeman dijo:

      ¿Estás diciendo que la oxitocina es la que inclina la balanza al lado de pertenencia de cada ciclo expresión-sacrificio de Graves? Si es así nada sería un problema siempre y cuando estemos en las fases más avanzadas.
      Lo segundo que dices, que no es un proceso central ¿qué quiere decir? ¿qué implicaciones tiene?
      Gracias.

      • pacotraver dijo:

        Lo que quiero decir es que el sistema oxitocinergico es el soporte neural de la afiliación y del apego con independencia de la expansión de cada tipo de conciencia. Naturalmente la distancia entre el soporte neural y el desarrollo conciencial no es de un solo paso y existen fenomenos desconocidos entrambos y no solo eso sino que además ahi se encuentra el problema dificil de la conciencia, de manera que poco podemos decir de ello.

  2. Hola Paco, un honor tenerte por aquí. Gracias por tu comentario.

  3. vtedeeds dijo:

    Me ha encantado esta reflexión, que compartía en gran medida pero no conseguía verbalizar.

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