Sobre la génesis del colectivismo en la adolescencia

No sé si mis frecuentes cambios de barrio durante mi niñez y posterior adolescencia influyeron en mi bajo apego hacia las pandillas. Haciendo memoria, siempre preferí tener unos pocos y frecuentes amigos a acompañar a un grupo. El motivo es difícil de descifrar con una mente adulta y a partir de las sombras de los recuerdos de una mente infantil. Aparte de eso, no podemos descartar la hipótesis genética. Haciendo  un rápido psicoanálisis de mi persona, tengo claro que no soy de los que buscan nuevas experiencias a cualquier coste, lo que estaría íntimamente relacionado a la supuesta influencia del polimorfismo de los receptores de dopamina en la conducta. Pero lejos de considerarme medroso, me considero un valiente prudente. De hecho, he tomado decisiones contracorriente en mi vida, que los supuestos depredadores de experiencias nunca tomarían. Arriesgar en la vida no se reduce sólo a probar o no una droga.

Tengo un recuerdo bastante nítido de mis primeros contactos con las pandillas y su idiosincrasia, que finalmente acabaron por resolverse a favor de mi independencia. Recuerdo, por ejemplo, el dominio territorial, cual manada de chimpancés que, sobre el parque al que yo iba a jugar al baloncesto, ejercía una banda de adolescentes de la que ni recuerdo el nombre. Yo tendría unos 11 años. Siempre tuve claro que si no me metía con nadie, en principio, nadie se metería conmigo. Un día de esos en que aún no había llegado nadie al campo y yo me dedicaba a echar unos tiros de 3 para hacer tiempo, me vino el menor de esa pandilla de aproximadamente mi misma edad y, sin mediar palabra, cogió mi balón y lo mando de un patadón a la carretera. Recuerdo como lo miré fijamente unos segundos que fueron eternos y cómo al instante sentí la frustración de saber que no le podía dar su merecido simplemente porque estaba protegido por la pandilla, por el grupo. El me miró con aires de superioridad. Yo apreté mis puños, frustrado, y fui en busca de mi balón antes de que lo perdiese entre los coches. Sí sé que al no caer en su provocación, también me gané algo su respeto. Pero de eso me doy cuenta ahora. En aquel momento me corroía la frustración por no poder ni decirle nada. También sé que si él no tuviese al grupo consigo, ni se le hubiese pasado por la cabeza aquella provocación. De todos modos, yo seguí a mi bola. Ni con ellos, ni contra ellos.

Un poco después empecé a frecuentar las primeras borracheras de un grupo de amigos del colegio. Deveríamos tener unos 12 años. Nada diferente de lo que siempre se hizo, aunque creo que ellos fueron los pioneros del alcoholismo infantil que tanta alarma social crea hoy en dia. Lo digo porque de esto ya pasaron más de 20 años. El matiz está en que yo, por diversas circunstancias familiares, sí tenía claro cuáles son los riesgos del alcohol y las consecuencias de su abuso, y no acababa de ver una diversión en aquello. Así, después de unos pocos fines de semana, ya había dejado de frecuentar aquellas reuniones etílicas de fin de semana.

Podría seguir con más anéctodas de este estilo. Incluso hasta hace no mucho, en que las zarpas de la farlopa atraparon a varios amigos a los que pude haber acompañado al pozo. Otra vez, ya más maduro y con algunos objetivos en la vida, decidí aislarme de los que me protegían y daban cierta seguridad y hasta identidad, por no caer en otra trampa fatal. Experimentar, experimenté mucho y de todo. Pero la racionalidad se sobrepuso una vez más al instinto gregario.

Ya en la vida adulta, con familia y algunos retos profesionales por delante, he percibido como esa impronta de libertad contamina mis hojas de ruta en cada esfera de la vida. Del mismo modo, en contraposición, veo la huella de la pandilla en la querencia por el colectivo de muchos de los que se cruzaron en mi vida. Sólo así puedo entender el gobierno de la irracionalidad en los movimientos de masa, independientemente de su signo político o reivindicación. Pero esa ausencia de irracionalidad no es lo más peligroso. El ser humano ha basado y basa la mayoría de sus decisiones vitales en el impulso de lo primitivo. El problema principal surge cuando la masa no respeta los derechos individuales que deberían ser la base de la convivencia y el progreso. Pero si resetear la adolescencia de millones de personas es, a todas luces, un imposible, qué podríamos hacer con la filogénesis gregaria del homo sapiens. Nada.

Tocará, por lo tanto, seguir luchando por ideales. Es decir, por imposibles.

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Separación entre Ciencia y Estado

Puesto que el único y legítimo propósito del Estado es la protección de los derechos individuales, es impropio que éste se vea envuelto en la investigación científica, ya sea financiándola, supervisándola o regulándola.

Una sociedad libre requiere una total separación de Ciencia y Estado. Todas las investigaciones científicas y tecnológicas deberían ser llevadas a cabo de forma privada y ser financiadas en esta manera. No deberían existir laboratorios de investigación o agencias científicas del gobierno. Todo esto, por supuesto, está en radical contraste al estado actual de las cosas, según el cual la investigación básica está fundada predominantemente por agencias del gobierno y supervisadas por agencias administradoras de los fondos de éstas.

En este caso, el Estado, de forma abiertamente colectivista, por “el bien de la sociedad” (o el colectivo) le dice al individuo que él debe financiar un proyecto científico dado en contra de su voluntad, porque “la sociedad” requiere de esas inversiones para progresar.

Sin embargo “sociedad” es simplemente un conjunto de individuos. “Sociedad” es una idea abstracta y no existe. Son los individuos los que existen y quienes, en su propio interés racional, eligen interactuar social y económicamente.

Por ello, cuando alguien dice que es necesario el Estado para fundar aquello en lo cual los individuos no están dispuestos a invertir, por el “bien de la sociedad”, es una contradicción porque es como decir que “los individuos libres no pueden ver el sentido de esta inversión, pero una pandilla de individuos patrocinada por el Estado sí puede”

No permitamos a colectivistas con doctorado tomar decisiones con nuestro dinero ganado esforzadamente. Áreas en las cuales las legítimas funciones del Estado están ligadas a la Ciencia incluyen la protección de derechos de propiedad intelectual, como patentes para nuevas innovaciones tecnológicas y la investigación tecnológica militar, porque está ligada a la defensa de la nación y a la protección de los derechos individuales.

En palabras de Ayn Rand: “La maldad fundamental de las subvenciones estatales es el hecho de que los hombres están
forzados a pagar el desarrollo de ideas diametralmente opuestas a las suyas. Esta es una profunda violación de la integridad del individuo y de su conciencia. Es terrible tomar el dinero de hombres racionales para apoyar a hombres como B.F. Skinner. La Constitución prohíbe un “Establishment” estatal religioso, considerándola propiamente una violación de los derechos individuales. Puesto que las creencias de un individuo están protegidas de la intrusión de la fuerza, el mismo principio debería proteger sus convicciones razonadas y prohibir un “Establishment” estatal en el campo del pensamiento”

¿Qué sucede entonces cuando la Ciencia es patrocinada por Estado?

Derroche, derroche, y más derroche: Notable es el caso español cuyas inversiones en Energía Solar y obtención de energía a partir del Hidrógeno han culminado con resultado cero; es sabido que los paneles solares convierten de forma sostenida como máximo un 10% de la energía recibida, requiere enormes extensiones de superficie y para más inri, los paneles solares de alta eficiencia suelen estar fabricados con metales pesados y altamente contaminantes para el medio ambiente.
En el caso del hidrógeno, es inviable debido a la peligrosidad de su manipulación, que requiere una costosísima inversión.
Asimismo, la obtención de hidrógeno requiere invertir grandes cantidades de energía (obtenida a partir de combustibles
fósiles) y carísimas infraestructuras fabricadas en platino, que por otra parte es un metal escaso e impide su producción
en masa.

Ninguno de los científicos patrocinados por el Estado se pararon a pensar en estas premisas básicas; tampoco lo necesitaban, pues un doctorado y charlatanería eran los únicos requisitos necesarios para obtener sus jugosas subvenciones.

Pero quizás el caso más desastroso, y éste es en Estados Unidos, es el del programa del Transbordador Espacial (afortunadamente ya cancelado) que prometía transportar una libra de peso al espacio por $50 y al final la broma acabó saliendo a $50,000 la libra. Un derroche que se mide por un factor de mil, y que jamás se ha dado en una
ventura científica privada.

Los científicos beneficiarios de subvenciones del Estado suelen estar entre los más airados manifestantes en contra de la “tiranía del dinero”: La ciencia y la cultura, lloran, debe estar liberada del poder arbitrario de los ricos.

Pero he aquí una principal diferencia: el rico no puede comprar una nación entera ni forzar a un solo individuo.
Si un hombre rico elige dar su apoyo a ciertas actividades culturales, éste lo hará a una escala muy limitada, y sólo él carga con las consecuencias de sus acciones.Si él decide no usar su buen juicio e invierte en caprichos irracionales, él consigue justamente lo opuesto de su intención: sus proyectos y “protegidos” son ignorados o despreciados en sus profesiones, y ninguna cantidad de dinero le comprará influencia alguna sobre la cultura. Su ventura se convierte
simplemente en un derroche de dinero sin significancia alguna. La cultura está protegida por tres elementos invencibles:
opción, variedad y competición. Si él pierde su dinero en venturas estúpidas, él no hace daño a nadie, puesto que su dinero es suyo, no expropiado forzadamente a víctimas.
Es un completo mito que el sector privado no puede o no quiere llevar las riendas de la Ciencia. Siempre ha habido incentivos para la investigación científica. Simplemente observa las diferentes industrias privadas que emplean a científicos: Farmacéuticas, compañías de procesamiento de alimentos que necesitan inventar aditivos o simplemente observa la etiqueta de tu botella de champú y serás testigo de toda la investigación química que fue necesaria para
crear el producto. Las compañias tecnológicas están constantemente innovando, sólo hay que observar lo lejos que las ciencias de la computación y la ingeniería han llegado en las últimas décadas..y todo ello alimentado gracias a la inversión privada y a esfuerzos de individuos emprendedores. La Ciencia supone una gran parte de la Economía y argumentar que el gasto público es necesario para mantenerla es cosa de lunáticos.

En una sociedad libre, en la cual se da la completa separación entre Estado y Economía, la economía crecerá más rápido
y será más estable de lo que es hoy en día -los gobiernos no estarían constantemente boicoteando el trabajo con impuestos y regulaciones, o manipulando los tipos de interés por razones políticas- El resultado será que la cantidad de riqueza en la sociedad se incrementará de forma más rápida, dejando más recursos disponibles para proyectos de largo plazo. A mayor cantidad de capital disponible para invertir, más riesgo y más inversiones de largo plazo se pueden asumir,
y con un entorno legal estable, los inversores podrían planear a largo plazo sin tener que preocuparse por condiciones legales cambiantes que podrían dañar inversiones de muy largo plazo (de más de 20 años)

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Reduciendo la Ciencia a una casilla

Me enteré hace unas semanas de que existe una iniciativa para reivindicar una casilla en la declaración del I.R.P.F., y destinar así una pequeña parte de la recaudación tributaria a financiar la investigación científica. Esta idea, que en principio parece razonable y bienintencionada, está construida sobre varias falacias que, como es muy frecuente en los movimientos de izquierda, no acabarían sino empeorando más las cosas, aunque el fin último sea noble (en apariencia).

La primera gran falacia viene con el objeto de esas casillas, que existen para que el ciudadano elija, desde su libertad, a qué acciones sociales quiere destinar una parte de sus impuestos. Estamos hablando, por lo tanto, de caridad. El error está en que, lo que debería estar normalmente presupuestado y legislado para el desarrollo científico y tecnológico del país, se estaría equiparando con esta hipotética acción a una limosna. Sinceramente, si alguien cree que pidiendo limosna para la Ciencia, en vez de exigir unos presupuestos acordes a los de un país desarrollado, va a mejorar la situación, estamos apañados. Reivindicando esto, estamos licitando el grave error que es reducir las inversiones en Ciencia y Tecnología, que es lo que realmente está ocurriendo desde hace tiempo en los presupuestos generales del Estado. Ahí es donde creo que debería estar la batalla, en luchar por unos presupuestos del Estado que garanticen la competitividad y desarrollo del país, y no dejar a la Ciencia a merced de la caridad.

La otra gran falacia y, por ende manipulación, viene con el hecho de argumentar que, si hay una casilla para la Iglesia Católica, por qué no va a haber una para la Ciencia. Aquí es donde empiezo a percibir un cierto tufillo a colectivismo. Vamos a ver. Si marcar y elegir una de esas casillas son acciones totalmente voluntarias, para empezar, lo único que ocurre es que los católicos a quienes interese, libremente, van a destinar una parte pequeña de sus impuestos a obras de caridad que gestiona la Iglesia Católica. No sé donde está el trato de favor que se quiere inducir a pensar. Del mismo modo, aquellos no católicos que quieran, podrán marcar voluntariamente la otra casilla que existe para otras acciones sociales gestionadas por otras organizaciones no gubernamentales. Lo peligroso de este argumento es que se instiga, con anticlericalismo venenoso, a criticar algo que no viene ni impuesto, y que tampoco es una opción única.

Lo más grave todavía es que, si nos pusiésemos en el hipotético caso de que esta petición popular prosperase, acabaríamos por licitar dos auténticas aberraciones. La primera, como expuse al principio, sería el reducir a limosna lo que debería ser una obligación del Estado para la financiación de la investigación científica del país. Sin Ciencia y Tecnología no puede haber desarrollo y progreso y, por lo tanto, prosperidad económica. La segunda, y bastante preocupante viendo la labor tan importante que, en estos tiempos de crisis, desarrollan las organizaciones con fines sociales, sería el repartir esa pequeña parte de la recaudación tributaria entre varios objetivos, lo que no haría si no debilitar y diluir -más todavía- el impacto en la sociedad de esa labor. Unos por otros y la casa sin barrer.

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¿Qué tienen en común la religiosidad y el pensamiento de izquierdas?

Nada nuevo hay bajo el sol. Los mismos mecanismos que han posibilitado la acomodación de la afrentosa realidad y de la propia miseria moral, durante siglos, y en forma de culto religioso, son los mismos que han favorecido el éxito más reciente del pensamiento de izquierdas, pese a lo catastrófico de sus consecuencias contra la civilización. Se ha matado en nombre de dios y en nombre de la igualdad, por partes iguales. Nobles causas para una mente enferma como la de estos sujetos. Pero vayamos por partes.

Una primera característica -muy clara para mí- es la disonancia. Piense en un católico y en un socialista por ejemplo, y verá que están más cerca, el uno del otro, de lo que nos quieren hacer creer interesadamente. El católico dará una limosna en público, para demostrar cuán caritativo es, mientras en privado ejerce la avaricia y la tacañería con sus más allegados. El socialista será miembro de la última ONG de moda, y lo dejará bien claro en sus conversaciones acerca de las “vacaciones solidarias” de bajo coste que ha disfrutado, mientras compra al mismo tiempo productos fabricados por las manos de los niños que ha apadrinado. El católico censurará las debilidades terrenales de los demás con la máxima vehemencia, olvidando al mismo tiempo las innumerables perversiones que ha perpetrado con la protección de la intimidad o el anonimato. El socialista, por su parte, conducirá un potente BMW mientras te culpa de contribuir a la destrucción del medio ambiente porque no utilizas suficientemente el transporte público. ¿Quién de los dos tiene más credibilidad?

La proyección de las consecuencias de los actos fuera de la realidad es, en mi opinión, la otra característica fundamental a considerar. Esto está ligado directamente con la culpa y la necesidad inconsciente de aliviar la mala conciencia y, por ende, la disonancia que hemos explicado previamente. No incluyo en este análisis a los psicópatas, presentes por igual en ambos colectivos y que carecen en forma alguna de conciencia. Así, el cielo de los católicos, que posibilita los reajustes frecuentes de la disonancia, ha sido la válvula de escape perfecta durante siglos a las más delirantes majaderías. Todo se arregla después de muertos. La clave está en que, con este modelo, se puede ser un egoísta irracional, dejando que primen los impulsos primarios que se pueden justificar porque el destino final está en el más allá, que es donde se pueden conciliar los deseos y los actos. En otras palabras, los objetivos vitales están fuera del mundo y la moral, consecuentemente, también. Del mismo modo, el cielo de los socialistas se concretiza en ideales inalcanzables como la igualdad, por ejemplo. Esto justifica cualquier acción por muy absurda e irracional que ésta sea. Incluso si supone el desastre social y económico de un estado. Como el objetivo es también inalcanzable y lejano -incluso más que el mismo cielo cristiano-, cualquier dislate va a encontrar su justificación, siempre que sea en pro de tan noble aspiración. La clave está en que no hay forma humana de verificar lo errado del planteamiento pues se trata también de pensamiento mágico. Es así como se perpetúa la locura colectiva de los pueblos.

La duda está en saber qué nuevo ropaje tendrá este fenómeno en el futuro. Perroflautas, tal vez? Es decir, ahora que el pensamiento religioso está en decadencia, falta saber qué colectivo será el encargado de prolongar semejante majadería después que el pensamiento de izquierda tradicional ceda su predominancia a un substituto más atractivo y de última generación. Cosas veredes, Sancho.

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Nuestros genes no son nuestro destino: Epigenética y Nutrigenómica

Epigenética es el estudio de cambios, heredables o no, en la expresión de los genes o el fenotipo celular causados por mecanismos diferentes a los cambios en el ADN subyacente. de ahí Epi -externo- Genética. Ejemplos de estos cambios podrían consistir en la metilación del ADN, sirviendo a la supresión de la expresión de ciertos genes sin alterar la secuencia de los genes silenciados.

 

La historia de esta Ciencia comienza en el pueblo sueco de Norrbotten, un lugar tan remoto y aislado que en en Siglo XIX si la cosecha era mala, la gente se moría de hambre. En los años ’80, el Dr Lars Olov Bygren, un especialista en salud preventiva del “Karolinska Institutet” de Estocolmo se preguntó qué efecto tendrían los años de abundancia y sequía en los niños nacidos en el siglo XIX, así como en su descendencia. Bygren y sus colegas determinaron la cantidad de alimento de la que disponían los abuelos y bisabuelos de 99 individuos elegidos al azar. Los resultados de la investigación les dejaron asombrados: Los descendientes de las zonas más abundantes en alimento vivían menos años que los descendientes de las zonas que sufrieron las sequías. Realizando ciertos ajustes socioeconómicos los resultados revelaban una diferencia de 32 años.

 

¿Cómo es posible que la dieta de los padres haya afectado de esta manera la longevidad de los hijos? ¿es posible revertir estas tendencias en la edad adulta?

 

Bygren y sus colegas han acumulado suficiente evidencia histórica sugiriendo que en circunstancias determinadas, las condiciones medioambientales pueden dejar su impronta en los genes y de esta manera acelerar la Evolución, transmitiendo estos cambios en una sola generación.

 

La Ciencia de la Epigenética estudia el epigenoma, que se asienta sobre el genoma indicando qué genes deben aumentar su expresión y cuáles deben ser “silenciados”. De esta forma, los científicos afirman que nuestro genoma puede ser “tocado” como si de un instrumento musical se tratase.

 

Pero no ha sido hasta mucho más tarde el surgimiento de la Nutrigenómica, ciencia que estudia los efectos epigenéticos de los alimentos y cómo una dieta adecuada puede mejorar nuestro rendimiento físico e intelectual, y promover una larga vida.

 

Una de las cuestiones que se han resuelto gracias a esta ciencia es la “Paradoja Asiática”, que muestra en Asia al 75% de la población fumadora, pero con la mitad de casos de cáncer que en Occidente.

 

Se descubrió que en Asia son ávidos consumidores de Té verde, que contiene notables cantidades de Epigalocatequina-3 Galato (EGCG) que inhibe la acción de las células tumorales y cancerosas mediante apoptosis inducida, aparte de otros favorables efectos epigenéticos, como el neurorescate, la neurogénesis y la más importante, la preservación de la longitud de los telómeros.

 

Recientes investigaciones han descubierto que es posible aumentar la biodisponibilidad de EGCG si añadimos limón al té verde, para un efecto óptimo. En este caso, la sabiduría ancestral coincide con descubrimientos punteros.

 

Además el té verde contiene altas concentraciones de L-Teanina, un relajante que estimula las ondas Alfa en nuestro cerebro y se ha hallado que posee efectos similares al aniracetam, pudiendo considerarse un nootrópico, excelente para la cognición y gestión de la complejidad.

La Nutrigenómica también ha hallado que el consumo de carne (no pescado) está correlacionado con menos años de vida. Según las más recientes investigaciones, el consumo de pescados ricos en ácidos grasos omega 3 y Selenio como la sardina, el bacalao y el salmón contribuye a una ingesta de proteínas de alta calidad, a un mayor rendimiento cognitivo y a una mayor longevidad.

 

También son notables los beneficios del cacao, que si no es posible conseguirlo en estado puro en polvo se puede adquirir en tabletas de chocolate oscuro (Dark), contribuyendo así a una elevada ingesta de antioxidantes.

 

Las verduras como la espinaca, la cebolla, el ajo, las crucíferas como la coliflor y las coles de bruselas, realizan un gran trabajo contrarrestando los efectos de los xenoestrógenos presentes en el ambiente que disminuyen la calidad de vida de hombres y mujeres. Como nota curiosa, destacar que el tomate procesado (en lata o ketchup) es más sano pues posee mayor cantidad de licopenos que el tomate al natural.

 

El aceite de oliva no puede faltar; sus polifenoles sufrimen la expresión de genes que promueven la inflamación de tejidos y reducen la oxidación del ADN

 

También el “pensar bien” y ser optimista tiene efectos epigenéticos. Tener los mejores pensamientos, ser agradecidos, vivir sin contradicciones y ser feliz también contribuye a la salud de nuestro ADN. Será por eso que la gente que vive llena de miedo, contradicciones e incertidumbres y se alimenta de “comida basura” tienen esa cara de amargados…

 

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Las Bases de un Justo Gobierno

Si analizamos la evolución de los sistemas de Gobierno a través de la Historia, podemos observar claramente que los períodos más oscuros de la Historia de la Humanidad estaban marcados por  sistemas de Gobierno que concentraban el poder en manos del Estado, a expensas del individuo. Así, la teocracia puso el poder en manos de sacerdotes y papas, que como voceros de lo sobrenatural, debían ser obedecidos sin cuestión. Las monarquías ponían el poder en manos de un rey o una reina, cuyos súbditos vivían y morían según el capricho de sus edictos. La aristocracia ponía el poder en manos de una élite hereditaria que pisoteaba a los miembros de las clases inferiores, llegando incluso a bañarse literalmente en su sangre. La democracia ponía el poder en manos de una mayoría, que podía hacer lo que quisiera a la minoría, inclusive hacerles beber cicuta (Como le pasó a Sócrates)

 Ante todas estas atrocidades, los Padres Fundadores de los Estados Unidos de América dijeron: ¡Basta!

 Ellos idearon un sistema político que colocaba el poder en manos del individuo, a expensas del Estado. Declararon que el individuo tiene los derechos inalienables a la Vida, Libertad y la Búsqueda de la Felicidad. El Gobierno, por tanto, no debe estar por encima del individuo como su amo, sino que debe estar por debajo como su sirviente. “Para garantizar estos derechos, -escribió Jefferson- gobiernos son instituídos entre los hombres, derivando sus legítimos poderes del consentimiento de los gobernados” Y en el caso de que un Gobierno viole los derechos del individuo, “Es un derecho del pueblo alterarlo o abolirlo, e instituir un nuevo Gobierno”. Los Padres Fundadores, pues, crearon un santuario para hombres de mente sin límites, para los Galileos y Sócrates del mundo que ahora se encontrarían con un destino diferente.

 Ellos creían en la perfectibilidad del Hombre, al contrario que las doctrinas religiosas. Creían que si un hombre usa su mente racional, y si detenidamente estudia y formula los métodos por los cuales los valores y la prosperidad son logrados, entonces la perfección, aquí en la Tierra, es posible. Y eso fue lo que hicieron exactamente con el tema del Gobierno.

 Ellos minuciosamente estudiaron las formas y la historia de los Gobiernos, con el fin de definir un método perfecto de Gobierno.El resultado fue la Constitución de los Estados Unidos, junto con su sistema de controles y equilibrios (“checks and balances”), diseñados para evitar la aparición de cualquier poder absoluto. Los resultados hablan por sí mismos.

 Procedamos entonces a analizar el sistema de controles y equilibrios del sistema norteamericano:

 El gobierno nacional está separado en tres ramas: La rama del poder Legislativo, la del poder Ejecutivo y la del poder Judicial. Estas tres ramas no son independientes unas de otras porque la Constitución establece un sistema de controles y equilibrios (“checks and balances”) para asegurarse de que ninguna rama se vuelva demasiado poderosa. Cada rama posee poderes que puede emplear para controlar y balancear las operaciones y el poder de las otras dos ramas. Echemos, pues, un vistazo a los controles de cada una de las ramas:

A) La rama Legislativa: Tiene poderes para crear las leyes, y posee los siguientes controles sobre la rama Ejecutiva:

 – Puede circunvenir los vetos presidenciales con un voto de 2/3 de los miembros.

 – Tiene poder sobre las arcas del Estado para financiar las acciones del poder Ejecutivo.

 – Puede eliminar al presidente del cargo a través de imputaciones.

 – El Senado aprueba los tratados y los nombramientos presidenciales.

La rama Legislativa posee los siguientes controles sobre la rama Judicial:

  – Crea las cámaras bajas de las Cortes

 – Puede eliminar a jueces del cargo a través de imputaciones.

 – El Senado aprueba el nombramiento de los jueces.

 B) La rama Ejecutiva: Tiene poder para poner en práctica las leyes. Posee los siguientes controles sobre la rama Legislativa:

 – Poder para vetar las leyes

 – Habilidad para convocar sesiones extraordinarias del Congreso.

 – Puede realizar recomendaciones sobre legislación.

 – Puede apelar a los gobernados (el pueblo) en lo concerniente a las leyes y otros asuntos.

La rama Ejecutiva posee los siguientes controles sobre la rama Judicial:

 – El Presidente nombra a los jueces federales y del Tribunal Supremo.

 C) La rama Judicial: Posee poder para interpretar las leyes, y posee los siguientes controles sobre la rama Ejecutiva:

 – Los jueces, una vez nombrados de forma vitalicia, están libres de controles de la rama ejecutiva.

 – Los jueces pueden determinar si una acción del Ejecutivo es anti-constitucional a través del poder de la revisión judicial.

La rama judicial posee los siguientes controles sobre la rama Legislativa:

 – las Cortes pueden juzgar las acciones del poder Legislativo como anti-constitucionales.

 El sistema norteamericano de controles y equilibrios ha demostrado su capacidad para mantener los 3 poderes en equilibrio a lo largo de la Historia de ese país. Por supuesto, ha habido algunos “choques”, pero en general los poderes están equilibrados, sin que ninguno de ellos llegue a poseer demasiada influencia. Compárese entonces este sistema con el que tenemos actualmente en España.

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Universidad y colectivismo

La Universidad española no es precisamente de las mejores del mundo. De entre las muchas estadísticas y clasificaciones a las que podríamos referirnos, no es posible encontrar entre las primeras del mundo a ninguna universidad de nuestro país. Y esto no es casualidad.

Cuentan que Ramón y Cajal, cuando recibió el telegrama en el que le comunicaban la obtención del premio Nobel, le dijo a su esposa que no dijese nada, porque esas cosas en España no se perdonan… Ahí está uno de los primeros gérmenes de nuestra nefasta universidad: la envidia en forma de aristofobia, que en nuestro país llega incluso hasta las áreas del conocimiento. Por eso, cada vez son más los intelectuales, los que menos abundan en las facultades. Oxymoron? No, colectivismo.

Desde siempre, la filiación política y no el mérito académico, ha espoleado el acceso a la docencia universitaria y, consecuentemente, a la promoción dentro de la misma, sin importar el régimen imperante. Eso sí, en la época más progresista de todas -léase Felipismo-, el número y tamaño de los departamentos universitarios españoles crecieron exponencialmente. En los últimos años, además, la cosa se complica en aquellas regiones con aspiraciones secesionistas. Historicismo? No, colectivismo.

Sí, son pobres a pesar de tener todas las condiciones para registrar patentes, asesorar a empresas y cobrar por ello, ofrecer servicios de todo tipo a la comunidad universitaria y no universitaria, cobrar tasas por todo lo inimaginable a sus alumnos, tener unos presupuestos inflados a costa de las aportaciones de tres administraciones diferentes, disfrutar de instalaciones publicas, tolerar más deuda que las propias administraciones locales, etc., etc. Crisis? No, colectivismo.

Otra cuestión se refiere a la gran tasa de individuos con trastornos graves de la personalidad que trabajan en la Universidad, especialmente en la docencia, claro. Esto daría para otra entrada pero, resumiendo, el número de narcisistas y paranoicos -o ambas cosas a la vez- está muy por encima de la población no universitaria. Psicópatas y sádicos en la cúspide del poder, rodeados éstos de sumisos, son el común denominador de los pobladores de los rectorados. Vamos, que ni Goya podría pintar un cuadro mejor. Psiquiátrico? No colectivismo.

La solución no es posible. Soy pesimista en este sentido. Los que están, se han asimilado a la cultura imperante del mismo modo que los que les precedieron. Los que vienen, a calentar silla como buenos colectivistas. Los que nos fuimos, estamos mucho mejor fuera en todos los sentidos, en el humano, el laboral y el económico. Sólo salen perdiendo los que se dejan la familia o aquellos que se van a países en los que la calidad de vida es mucho peor. Para ilustrar mi pesimismo, recordaré el comentario del decano cuando, ante mi interpelación por la tan polémica reforma de la Ley de Universidades y la grave manipulación de la que era objeto el alumnado, me dijo textualmente: “no te engañes, aunque la ley cambie, quienes la aplicamos seguimos siendo los mismos…”.

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